miércoles, 17 de diciembre de 2008

ASÍ BOTA EL GOBERNADOR DEL VALLE EL DINERO EN PUBLICIDAD

Escrito por German Caicedo
Lunes, 24 de Noviembre de 2008 22:02

Porque compartimos plenamente sus planteamientos, porque creemos que la comunicación que necesita el Estado no es una que glorifique a sus gobernantes y permanentemente exalte su imagen, queremos divulgar el texto completo de la columna publicada el pasado 14 de noviembre por Diego Martinez Lloreda, quien cuestionó abiertamente la divulgación de un aviso de prensa autoelogiando la figura del gobernador del Valle del Cauca, y otros desaciertos más que sólo hablan de la excesiva importancia que este mandatario le da al culto a su imagen pública:

“Para Juan Carlos Abadía, el mejor gobernador del país es Juan Carlos Abadía. Un generoso aviso aparecido en los principales medios impresos del país nos ha notificado la alta estima en que se tiene el Mandatario a sí mismo.


El aviso sugiere que el título de mejor ‘Gobernador del país’ se lo confiere a Abadía una encuesta realizada por la firma Gallup. Pero cualquiera que escudriñe la encuesta constatará que Gallup no inquirió a la gente sobre quién consideraba el mejor gobernador. La pregunta exacta que hizo la firma encuestadora fue: “En general, ¿usted aprueba o desaprueba la forma como Juan Carlos Abadía se está desempeñando en su labor como gobernador del Valle?”.

Ciertamente, el 68% de los consultados respondió que aprobaba la gestión de Abadía. Pero una cosa es que la mayoría de los encuestados apruebe la tarea de Abadía y otra muy diferente es que lo consideren el mejor gobernador. Además, la encuesta de Invamer sólo midió la favorabilidad de tres de los 32 gobernadores que existen en el país. Por lo tanto, salir a proclamar, con base en esos datos, la superioridad de Abadía sobre sus colegas del resto del país, es, además de una falta de respeto con sus pares, una verdadera temeridad.

Pero ese no es el único cuento chino que el Gobernador ha pretendido meter. Hace un mes, cuando el paro de los corteros estaba en su clímax, Abadía ordenó publicar otro aviso donde anunciaba que gracias a su intermediación los corteros y los ingenios habían logrado un preacuerdo para poner fin al conflicto que los enfrentaba. Lo cual, por supuesto resultó un ‘cañazo’, porque el acuerdo se logró un mes después, por negociación directa entre las partes. Y cuentan que la presencia de Abadía lejos de facilitar, lo que hizo fue dilatar el conflicto.

Tan grave como que la primera autoridad del Departamento promueva esa publicidad engañosa, es que esa campaña de alto maquillaje publicitario se pague con la plata de los vallecaucanos. Y para que luego no digan que eso no es cierto, me permito precisar que la cuenta de la que salió el dinero para pagar esos avisos se llama Sistema de Comunicación Social de la Gestión Departamental.

La Contraloría del Valle debe abrir una investigación fiscal para establecer cuánto ha invertido Abadía en la promoción de su imagen, de dónde salieron los recursos para pagar esa estrategia publicitaria y si existe un detrimento al patrimonio público. ¿Será que el contralor, Carlos Rodríguez, quien gerenció en sus inicios la campaña de Abadía a la Gobernación, se atreve a llamar a rendir cuentas a su ex jefe?

Ignoro si en este caso se habrá producido una irregularidad. Eso les corresponderá establecerlo a los entes de control (Dios mediante). Lo que sí es incuestionable es que en los cien años de historia que está a punto de completar el Valle del Cauca ningún gobernador había caído en los excesos publicitarios en los que ha incurrido Abadía. ¿O alguien imagina a Doris Eder o a Absalón Fernández de Soto posando orondos en una valla, embutidos en una sudadera y con pose de Superman?

Magnífico para Abadía que le vaya bien en las encuestas. Ojalá, eso sí, en lo sucesivo su buena imagen no se construya a punta de avisos, sino gracias a su gestión como gobernante.

“Porque esa popularidad nos está saliendo muy cara a los vallecaucanos

jueves, 11 de diciembre de 2008

Abadía, guarde la sudadera

Por : César Polanía
El Pais

Como están las cosas, el próximo campeón de los Juegos estaría entre Valle y Antioquia. Confío en que sea la delegación nuestra la que se quede con el título. Y si eso pasa, habrá que hacerle un monumento a cada uno de los deportistas que defendieron los colores de la región, porque antes de que estas justas comenzaran, en contra de ellos jugaron todos los problemas.

El mensaje ‘Estamos preparados’, que aparece en todas las vallas que hay a lo largo del territorio colombiano con el gobernador Juan Carlos Abadía en sudadera, es cierto a medias.

Los deportistas, por supuesto, siempre han estado listos. Porque su raza, sus aptitudes atléticas y sus ambiciones son inherentes a ellos. ¿Y lo demás? ¿Lo que nos les compete como atletas? ¿Tuvieron acaso las condiciones propicias para su preparación? ¿Fue su fogueo el ideal para un deportistas de alto rendimiento? Por supuesto que no. Y para que los lectores tengan una vaga idea de lo que estoy diciendo, menciono sólo un dato: hubo gente a la que ni siquiera le llegó la sudadera a tiempo.

¿Entonces? ¿Por qué posa el Gobernador, cual medallista olímpico y sacando pecho, en vallas que valen cientos de millones de pesos, como si a la delegación vallecaucana se le hubieran hecho las inversiones que hubo para el equipo de Antioquia o el de Bogotá?

No hay que olvidar que fue el propio Gerente de Indervalle el que denunció que el departamento no era favorito para ganar los Juegos por la falta de recursos económicos para su preparación.

Después, el señor Carlos Vargas tuvo que rectificar su afirmación, seguramente por un jalón de orejas del Gobernador, que ya tenía en mente sacar provecho político de los Juegos.

Por eso, insisto: si el Valle es el campeón de estos Juegos, habrá que hacerle un monumento a cada uno de los deportistas que defendió los colores de la región. Pero sólo a ellos. El Gobernador, que deje la sudadera en el baúl del carro.

http://www.elpais.com.co/paisonline/deportes2003/notas/Noviembre302008/depor9.html

¿Abadía mejor gobernador del país?



¿En qué se parecen Pablo Ardila y Juan Carlos Abadía?

martes, 25 de noviembre de 2008

El gobernador farolero

¿Qué diablos hace Abadía entre esos deportistas? ¿A cuenta de qué los impuestos de los vallecaucanos se deben ir en esa vergonzosa publicidad de sí mismo?

Por Daniel Samper Ospina

Sábado 22 Noviembre 2008



De entrada debo confesar que detesto las sudaderas, y que mi respeto por Fidel no acabó el día en que demostró sus bestiales modales de dictador, sino aquella vez que apareció agonizando ya sin dignidad, hecho un chamizo seco, debajo de una sudadera colorida. Digo más: pocas cosas me entristecen tanto como esos programas estatales de apoyo a los adultos mayores, en los que salen un poco de ancianos en sudadera haciendo gimnasia pasiva. En ese caso no sé qué me deprime más: si la gimnasia pasiva como ejercicio o si el término adulto mayor. Y estoy seguro de que Colombia jamás saldrá adelante en la medida en que la gente se ponga sudadera, muchas veces con mocasines, para hacer actividades que no son deportivas: para lavar el carro, para ir a misa, para hacer mercado.

O, ya en la tapa de la desvergüenza, para hacerse publicidad.

Ese es el caso de unos avisos que invaden desde hace varios días la prensa nacional y los paraderos de varias ciudades, en los cuales aparece el gobernador del Valle del Cauca, Juan Carlos Abadía, enfundado en una sudadera roja, al lado de algunos deportistas destacados: medallistas como Jacqueline Rentería, María Isabel Urrutia y Diego Salazar. Al lado, por no decir que en el medio: porque en realidad el que aparece en el centro de la foto, como gran protagonista, es el gobernador: los deportistas son meros acompañantes, extras sin parlamento que apenas ayudan a decorar la imagen sideral de este joven político, amante de sí mismo y aficionado al culto de su propia imagen.

Francamente yo no creía que un político colombiano, en teoría joven y refrescante como él, pudiera llegar al nivel de lanzar su imagen por todo el país explotando la de unos deportistas destacados, que a diferencia del gobernador se han hecho solos y que nunca han despertado sospechas éticas. Porque, hasta donde sé, de ninguno de esos deportistas puede decirse lo mismo que de Abadía, cuya carrera pública es impulsada por personas tan cuestionadas como el senador Juan Carlos Martínez, acusado de tener vínculos con los peores delincuentes del país.

Yo sabía que muchos políticos estaban acostumbrados a robarse la plata. Veo ahora que a algunos también les gusta robarse méritos.

Habría que recordarle al gobernador Abadía que en Colombia los deportistas no se han hecho gracias a los políticos sino a pesar de ellos; que cada deportista que triunfa suele ser una proeza individual, que ilumina nuestra miseria por un rato, pero que obedece únicamente a su propio empeño, casi a su propia rabia, porque históricamente las políticas deportivas del país son prácticamente nulas y en Colombia el deporte, más que una actividad, es un escape: una manera de no morirse de hambre.

¿Qué diablos hace Abadía entre esos deportistas? ¿A cuenta de qué el dinero de los impuestos que pagan los vallecaucanos se debe ir en esa desvergonzada publicidad que hace de sí mismo?

Hace cuatro años, cuando los Juegos Nacionales se hicieron en Cundinamarca, esa gobernación no gastó un solo peso en una promoción tan innecesaria y exagerada como la que estamos viendo. Esta vez, en cambio, la plata que han costado esos avisos asciende a más de 1.500 millones de pesos, que servirían mejor para aliviar la precaria condición de muchos deportistas que entrenan sin desayuno.

Ya el periodista Diego Martínez Lloreda había denunciado la amañada difusión publicitaria de una encuesta en la que este personaje se presenta como el mejor gobernador de Colombia, pese a que los resultados medían la favorabilidad de tan solo tres de los 32 gobernadores. Esa vez pagó con dinero público la pauta de varios avisos con la misma tranquilidad de ahora: finalmente Abadía sabe que el contralor que debe investigarlo fue gerente de su campaña a la gobernación.

Si los políticos jóvenes del Valle del Cauca, por lo menos los apadrinados por Uribe, son como Daniel García, el ex director de Invías que en lugar de adecuarse a los requisitos, decidió hacer que los requisitos se adecuaran a él; o como Juan Carlos Abadía, este gobernador peligroso y farolero tan parecido a Pablo Ardila, la opción más refrescante del departamento va a ser el doctor Carlos Holguín Sardi.

Por eso me permito volver a proponerlo como salida. Con el doctor Holguín Sardi no sólo nos libramos de estos políticos jóvenes y malos, sino que evitamos la depresión de verlo a él mismo retirado, haciendo gimnasia pasiva con otros adultos mayores, y vestido con una sudadera ya no roja, como la de Abadía, sino azul. Y muy probablemente con mocasines.

http://www.semana.com/noticias-opinion/gobernador-farolero/117969.aspx

domingo, 16 de noviembre de 2008

EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR


En la historia "El traje nuevo del emperador", un Emperador presumido, vanidoso y aficionado a los trajes nuevos, es engañado por dos picaros que le venden un traje maravilloso, con la increíble virtud de ser invisible para aquellos que no fuesen aptos para su cargo o fuesen irremediablemente estúpidos.

El cuento también se usa en referencia a la “verdad a través de los ojos de un niño”, la idea de que la verdad a menudo es dicha por gente demasiado ingenua para entender que haya grupos de presión que dicen lo contrario a lo obvio.

“El traje nuevo del emperador” o “El emperador va desnudo” a veces se usa en política y sociedad para referirse a cualquier verdad obvia negada por la mayoría a pesar de la evidencia, especialmente cuando es proclamada por el gobierno.

¿Como se ve el gobernador en el nuevo traje?