| Escrito por German Caicedo |
| Lunes, 24 de Noviembre de 2008 22:02 |
Porque compartimos plenamente sus planteamientos, porque creemos que la comunicación que necesita el Estado no es una que glorifique a sus gobernantes y permanentemente exalte su imagen, queremos divulgar el texto completo de la columna publicada el pasado 14 de noviembre por Diego Martinez Lloreda, quien cuestionó abiertamente la divulgación de un aviso de prensa autoelogiando la figura del gobernador del Valle del Cauca, y otros desaciertos más que sólo hablan de la excesiva importancia que este mandatario le da al culto a su imagen pública:
“Para Juan Carlos Abadía, el mejor gobernador del país es Juan Carlos Abadía. Un generoso aviso aparecido en los principales medios impresos del país nos ha notificado la alta estima en que se tiene el Mandatario a sí mismo.
El aviso sugiere que el título de mejor ‘Gobernador del país’ se lo confiere a Abadía una encuesta realizada por la firma Gallup. Pero cualquiera que escudriñe la encuesta constatará que Gallup no inquirió a la gente sobre quién consideraba el mejor gobernador. La pregunta exacta que hizo la firma encuestadora fue: “En general, ¿usted aprueba o desaprueba la forma como Juan Carlos Abadía se está desempeñando en su labor como gobernador del Valle?”.
Ciertamente, el 68% de los consultados respondió que aprobaba la gestión de Abadía. Pero una cosa es que la mayoría de los encuestados apruebe la tarea de Abadía y otra muy diferente es que lo consideren el mejor gobernador. Además, la encuesta de Invamer sólo midió la favorabilidad de tres de los 32 gobernadores que existen en el país. Por lo tanto, salir a proclamar, con base en esos datos, la superioridad de Abadía sobre sus colegas del resto del país, es, además de una falta de respeto con sus pares, una verdadera temeridad.
Pero ese no es el único cuento chino que el Gobernador ha pretendido meter. Hace un mes, cuando el paro de los corteros estaba en su clímax, Abadía ordenó publicar otro aviso donde anunciaba que gracias a su intermediación los corteros y los ingenios habían logrado un preacuerdo para poner fin al conflicto que los enfrentaba. Lo cual, por supuesto resultó un ‘cañazo’, porque el acuerdo se logró un mes después, por negociación directa entre las partes. Y cuentan que la presencia de Abadía lejos de facilitar, lo que hizo fue dilatar el conflicto.
Tan grave como que la primera autoridad del Departamento promueva esa publicidad engañosa, es que esa campaña de alto maquillaje publicitario se pague con la plata de los vallecaucanos. Y para que luego no digan que eso no es cierto, me permito precisar que la cuenta de la que salió el dinero para pagar esos avisos se llama Sistema de Comunicación Social de la Gestión Departamental.
La Contraloría del Valle debe abrir una investigación fiscal para establecer cuánto ha invertido Abadía en la promoción de su imagen, de dónde salieron los recursos para pagar esa estrategia publicitaria y si existe un detrimento al patrimonio público. ¿Será que el contralor, Carlos Rodríguez, quien gerenció en sus inicios la campaña de Abadía a la Gobernación, se atreve a llamar a rendir cuentas a su ex jefe?
Ignoro si en este caso se habrá producido una irregularidad. Eso les corresponderá establecerlo a los entes de control (Dios mediante). Lo que sí es incuestionable es que en los cien años de historia que está a punto de completar el Valle del Cauca ningún gobernador había caído en los excesos publicitarios en los que ha incurrido Abadía. ¿O alguien imagina a Doris Eder o a Absalón Fernández de Soto posando orondos en una valla, embutidos en una sudadera y con pose de Superman?
Magnífico para Abadía que le vaya bien en las encuestas. Ojalá, eso sí, en lo sucesivo su buena imagen no se construya a punta de avisos, sino gracias a su gestión como gobernante.
“Porque esa popularidad nos está saliendo muy cara a los vallecaucanos

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